Noches en los Jardines de España

Noches en los Jardines de España

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Fernando Pérez volverá a presentarse como solista junto a la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario interpretando «Noches en los Jardines de España» de Manuel de Falla (1876-1946).
Será el próximo 2 de julio, en el Teatro El Círculo de la ciudad de Rosario.

Sobre esta obra pilar de la música española escribe Israel López Estelche:
«La llegada de Manuel de Falla a París en 1907, hastiado por el maltrato que había sufrido por parte de la sociedad musical española -especialmente, madrileña-, hace que se replantee la forma en la que la “sonoridad andaluza” es tratada y aplicada. Para ello, Falla toma el modelo del Ravel de Rapsodia española (1909) y, especialmente, del Debussy de Iberia (1908), que supuso un descubrimiento en cuanto al tratamiento y manipulación de la música española (o más bien, una representación exigua de lo que para los franceses de la época era la música española, como representación ideal de un mundo onírico y salvaje; pintoresco), junto a las técnicas armónica y orquestales más avanzadas. Obviamente, Falla no fue el primero en desarrollar estas ideas, siempre desde el extranjero, como se comprueba en la magna obra de Albéniz o Granados; así como contemporáneos de Falla en el mismo París, como Turina.
Con todo esto, el compositor gaditano concibió una obra final en tres movimientos, de lo que iba a ser, en principio, un pequeño ciclo de cuatro nocturnos para piano. Su composición, como se ve de forma frecuente en el catálogo de Falla, se alargó desde 1909 hasta 1916, año de su estreno y, ciertamente, tiene ese carácter misterioso e íntimo de la primera intención solística, que intenta evocar las impresiones del compositor sobre unas imágenes de Granada que encontró en un libro en París.
Todo este conglomerado de influencias, tiene como consecuencia la desviación formal de lo que se puede entender como un concierto clásico-romántico, la dialéctica solista-orquesta se reorienta hacia una obligatto en el que el piano no compite, ni lucha contra la orquesta, sino que se integra en ella, aparece y desaparece, en un concepto solista mucha más rico y complicado a nivel formal, textural y concertante. Por otro lado, Falla no rechaza crear una parte de piano virtuosa, llena de vericuetos y retos técnicos, donde el concepto de textura y de suspensión temporal a la que aludíamos con Debussy se hacen patentes de manera directa, sobre todo el primer movimiento, En el Generalife. Igualmente, tampoco deja de mostrar la sonoridad hispana -andaluza, concretamente- a través de la utilización de ritmos, danzas, cadencias y melodías de raíz ibérica -muy visible en el segundo movimiento Danza lejana- que evocan esa idealización de la “España de Falla”, lírica y sensible -como nos muestra en el tercero, En los jardines de la sierra de Córdoba-. Esta obra representa un punto de anclaje para el posterior desarrollo de la música española (hecha en España) que tendrá en la siguiente generación de compositores a sus mejores valedores, y que encumbrarán al maestro andaluz como faro al que seguir hacia la modernización de la composición hispana.»

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